Poemas a la Madre



















Los hijos se van.


Hay que aceptarlos con esa condición, hay que criarlos con esa idea, hay
que asumir esa realidad.

No es que se van… es que la vida se los lleva. Ya no eres su centro.

Ya no eres propietario, eres consejero.

No diriges, aceptas. No mandas, acompañas. No proyectas, respetas.

Ya necesitan otro amor, otro nido y otras perspectivas. Ya les crecieron alas
y quieren volar.

Ya les crecieron las raíces y maduraron por dentro.

Ya buscarán un amor, que los respete, que quiera compartir sin temores ni
angustias,las altas y las bajas en el camino que les endulce el recorrido y
los ayude en el fin que quieren conseguir.

Y si una primera experiencia fué equivocada, tendrán la sabiduría y las
fuerzas para soltarlas, asi, otro amor les llegará para compartir sus vidas
en armonía.

Ya no les caben las raíces en tu maceta, ni les basta tu abono para nutrirse,
ni tu agua para saciarse, ni tu protección para vivir. Quieren crecer en otra
dimensión, desarrollar su personalidad, enfrentar el viento de la vida, a la
sombra del amor y al rendimiento de sus facultades.

Tienen un camino y quieren explorarlo, lo importante es que sepan
desarrollarlo, tienen alas y quieren abrirlas.

Lo importante es el corazón sensible, la libertad asumida y la pasión a flor
de piel.

Que la rienda sea con responsabilidad, y la formación, llena de luz.

Tu quedas dentro. En el cimiento de su edificio, en la raiz de su árbol, en la
corteza de su estructura, en lo profundo de su corazón.

Tú quedas atrás. En la estela luminosa que deja el barco al partir. En el
beso que le mandas. En el pañuelo que los despide. En la oración que lo
sigue.
¡En la lágrima que los acompaña!

Tú quedas siempre en su interior aunque cambies de lugar.

Haz de su vida tan feliz que cuando parta, sólo piense en regresar, aunque
sea para tomar tu mano y estar junto a tí.

Disfruta de tus hijos mientras pueda


María Luz Novoa Olivera


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